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Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que
Tenéis ahora;
Porque él dijo:
No te desampararé, ni te dejaré;
Hebreos 13:5

 
LAS PROMESAS DEL SEÑOR
       ¿Alguna vez te has quejado de lo que tienes? ¿Alguna vez has mirado y deseado lo que tienen tus vecinos? Es necesario que aprendamos a valorar lo mucho o poco que tenemos.
     Quiero contarte una historia: una mañana en la oficina donde trabajo se acercó una persona de aprox. 60 años de edad, casado con una hija de 12 años anteriormente se le benefició en un programa de vivienda y ahora acudía por un crédito otorgado y en el que tenía varios pagos vencidos, él nos contó ha tenido 3 infartos que lo han dejado con posibilidades reducidas de trabajar ya que lo único que sabe hacer es chapear y albañilería actividades que ya no puede realizar por el esfuerzo físico que se necesita, a su hija están por sacarla de la secundaria en la que estudia por no tener para comprarle uniformes y zapatos como marca el reglamento de la escuela, a veces no tienen nada para comer, ¿te es familiar ésta historia? Muchas veces pensamos que por ser cristianos esto no va pasarnos,  sin embargo nosotros tenemos una gran diferencia en relación al resto de las personas, tenemos un Padre Celestial que  siempre está al pendiente de nosotros aunque  no nos demos cuenta y es  que tenemos promesas de que El en su infinita misericordia les ha dado a sus hijos obedientes.
 
Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni a su descendencia  mendigando pan”. (Salmos 37:25).
     Muchas veces no valoramos lo que tenemos, por ejemplo: la comodidad de nuestra casa, (hay miles de personas en nuestra Ciudad que desearían no   pagar renta o bien dejar de estar encomendados con familiares), la luz eléctrica (para poder prender nuestro ventilador y sofocar el calor)  el agua potable (poder darnos un baño refrescante en el momento que queramos), ropa y zapatos para vestir (porque sean de la marca que sea la única función para que sirven es para tapar nuestro cuerpo) una cama o hamaca para descansar y por supuesto comida que nunca falta en nuestra mesa; luego entonces solo con estos cuantos ejemplos ¿te fijaste de cuan bendecidos somos? ve la cantidad de bendiciones que tenemos, hay gente,  en nuestra ciudad que no tiene ni siquiera éstos elementos básicos para sobrevivir.  
EL CRISTIANO QUE COMPARTE
Ahora vayamos a un ejemplo bíblico que se encuentra en 1ª.Reyes 17  En donde veremos que la fe es poderosa cuando la ponemos en el único que la merece NUESTRO DIOS.
Elías “tisbita” fue uno de los profetas más grandes que Dios levantó pues su espíritu y fervor son incomparables, en la época del reinado de Acab Elías profetizó una sequía y Dios  le dijo que se escondiera en el monte  y para poder alimentarse solamente confiaría  en la providencia de Dios y un episodio importante es el que sucedió en Sarepta de Sidón con una viuda y he aquí la historia: 1ª.Reyes 17
17:8 Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: 
17:9 Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente. 
17:10 Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba. 
17:11 Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. 
17:12 Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.
17:13 Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. 
17:14 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra. 
17:15 Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días. 
17:16 Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías. 
17:17 Después de estas cosas aconteció que cayó enfermo el hijo del ama de la casa; y la

Enfermedad fue tan grave que no quedó en él aliento. 
17:18 Y ella dijo a Elías: ¿Qué tengo yo contigo, varón de Dios? ¿Has venido a mí para traer a memoria mis iniquidades, y para hacer morir a mi hijo? 
17:19 Él le dijo: Dame acá tu hijo. Entonces él lo tomó de su regazo, y lo llevó al aposento donde él estaba, y lo puso sobre su cama. 
17:20 Y clamando a Jehová, dijo: Jehová Dios mío, ¿aun a la viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido, haciéndole morir su hijo? 
17:21 Y se tendió sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová y dijo: Jehová Dios mío, te ruego que hagas volver el alma de este niño a él. 
17:22 Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió. 
17:23 Tomando luego Elías al niño, lo trajo del aposento a la casa, y lo dio a su madre, y le dijo Elías: Mira, tu hijo vive. 
17:24 Entonces la mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca. 

Esta no es más que una fe probada, desde el momento que le pide que le haga de comer teniendo únicamente un poco de harina y aceite, ella da todo lo que tenía para saciar a este varón, Dios la recompensa haciendo que nunca escaseara más el alimento en su casa.
Después la enfermedad toca a su hijo y este muere, y ella con autoridad le reclama pues ya había puesto todo lo de ella al servicio de Dios y Él lo regresa a la vida.
Vemos que nunca es poco lo que puedas dar u ofrecer a otros en el nombre de Dios, sea tu ofrenda, tu diezmo, tu comida o tu casa.
Dios siempre tomara en cuenta y multiplicara todo lo que pongas en sus manos.


Wpp.

 

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