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Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.

        Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡que solicitud produjo en vosotros, que defensa, que indignación, que temor, que ardiente efecto, que celo, y que vindicación! En todo habéis mostrado limpios en el asunto.

2ª. Corintios 2: 10-11

 

DAVID: SU PECADO

Constantemente se ve a personas caer, ¿Qué hace que un hombre destruya su matrimonio y todo por lo que ha trabajado a cambio de una aventura pasajera? Ejemplo de esto es David, el rey mas grandioso de Israel, el hombre “con un corazón conforme a Dios”. Cayó por Betsabé, la bonita y joven esposa de Urías.

Sucedió “en el tiempo que salen los reyes a la guerra” (2ª. De Samuel 11:1). Sin embargo, aquella primavera, las energías de David se centraron en otra parte. “Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real”.

Desde allí tenía muy buena vista de Jerusalén y podía mirar abajo hacia los atrios vecinos. Mientras echaba un vistazo a la ciudad, su mirada cayó sobre una joven mujer que se estaba bañando. El texto dice que era muy hermosa.

Si le parece que la mujer no era muy recatada, recuerde que en aquellos días no había cañerías internas. Era normal tomar baños afuera de patios cerrados.

¡David se quedó embelesado! Envió a alguien “a preguntar por aquella mujer”, y entonces, uno de sus amigos trató de disuadirlo, “aquella es Betzabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo”, miembro de su guardia personal exclusiva.

Sin embargo David no quería privarse de nada. “Y envió David mensajeros, y la tomo: “una mala acción condujo a la otra y “el durmió con ella. Luego ella se volvió a su casa”. Posteriormente, se nos dice, ella “concibió y envió a hacerlo saber a David, diciendo: Estoy encinta”.

¡David sabía que tenía un problema grave! El esposo de Betzabé iba a estar ausente varios meses. Nadie estaba por encima de la Palabra de Dios. El adulterio era un pecado grave.

UN PLAN PARA DESVIAR SU PECADO

David Siempre fue un hombre de acción, ideó un plan para desviar las consecuencias de su aventura. Envió un mensaje a Joab para que dejara ir a Urías de su comando y lo enviara a Jerusalén, para que fuera a su casa con Betzabé, pero Urías “durmió a la puerta de la casa del rey con todos los siervos de su señor, y no descendió a su casa”. Urías le explicó: “El arca  e Israel y Judá están bajo tiendas, y mi señor, en el campo; ¿y había yo de entrar en mi casa para comer y beber y a dormir con mi mujer? Por vida tuya y por vida de tu alma, que yo no haré tal cosa”. A pesar de los repetidos intentos de David por persuadirlo, el decidido heteo se negó. Ni siquiera embriagarlo dio resultado.

El tiempo se estaba acabando. David puso precio a su cabeza ordenando al general Joab lo siguiente: “Poned a Urías al frente, en lo mas recio de la batalla y retiraos de él, para que sea herido y muera”.

Joab que no era tonto, se negó a obedecer la orden de David. El plan era evidentemente traicionero por lo que lo alteró: “Así fue que cuando Joab sitió la ciudad, puso a Urías en el lugar donde sabía que estaban los hombres más valientes. Y saliendo luego de la ciudad, pelearon contra Joab y cayeron algunos del ejército de los siervos de David; y murió también Urías heteo”.

Cuando Betzabé escuchó que su marido había muerto, hizo duelo por él. Cuando acabó su breve duelo, David “la trajo a su casa; y fue ella su mujer, y le dio a luz un hijo”.

David, actuó con una prisa inapropiada, pero el matrimonio le puso un final legal a la despreciable aventura, ¡al menos eso pensó David!. Pero “esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová”.

              EL REMORDIMIENTO

Pasó un año, durante el cual David se deterioró física y emocionalmente.

Los remordimientos de conciencia lo mantenían intranquilo y melancólico. En cada momento que pasaba despierto se sentía muy desgraciado. Por las noches daba vueltas en la cama. A la larga David tuvo que enfrentar los hechos. Para ser más exactos, tuvo que enfrentar al profeta Natán, quien sabía la verdad. Natán puso una trampa al pastor y rey con una historia acerca de un hombre rico que tenía muchas ovejas, pero se adueño de la oveja mascota de otro hombre para servir a un viajero extranjero (2ª. Samuel 12:4)

David se enfureció y al principio reaccionó exageradamente por que lo consideró un escándalo moral: “Vive Jehová, que el tal hizo es digno de muerte”.

Natán emitió su veredicto “Tú eres aquel hombre”. Cuando lo enfrentaron con su corrupción, las defensas de David se desmoronaron. Enterrando el rostro entre las manos exclamó: “Peque contra Jehová”. Y Natán contestó: “Jehová ha remitido tu pecado; no morirás”.

Hemos de dar el crédito a David porque no se justificó. Reconoció su pecado y Dios inmediatamente canceló la sentencia que había contra él. David pudo levantar su cabeza.

David pagó muy caro sus pocos momentos de placer. Su vida familiar y su carrera política se vinieron abajo desde aquél momento en adelante. Todo lo que predijo Natán se cumplió.

Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, esto también segará (Gálatas 6:7)

 

ESTAR ATENTOS SIEMPRE

El colapso moral raras veces llega de golpe: es más bien un escape lento, resultado de mil pequeñas complacencias.  Muy pocas personas planifican cometer adulterio; caen en él.

Cuando nuestras malas obras han quedado al descubierto, Dios nos recuerda su cruz, su perdón, su gracia incomparable. Luego empieza a hacernos de nuevo. Pero solo hay una forma de conocer ese perdón: reconociendo lo terrible que es nuestro pecado y aquella palabra anticuada: arrepintiéndose. Debemos aborrecer lo que hemos hecho y abandonarlos asqueados.

Dios discierne las posibilidades incluso en nuestra contaminación, perdona nuestros pecados, contrarresta nuestros errores y se dispone a hacernos mejores que nunca.

Por tanto, en lugar de lamentar nuestra humillación debemos seguir adelante. El pecado puede tener consecuencias con las cuales debamos vivir el resto de nuestras vidas naturales, pero si uno se arrepiente de su pecado, a la larga cosecha el bien.

Dios toma lo peor que podemos hacer y lo integra como parte de lo bueno que Él ha prometido. El es Dios de las tonterías y los fracasos y el Dios de las segundas oportunidades.

con afecto: jal 

 

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