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Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
Romanos 10:12-13
UNA BUENA NOTICIA En el día de Pentecostés había judíos de varias partes del mundo de visita en Jerusalén, entre ellos había también judíos residentes en Roma que habían convertidos ese día. Cuando volvieron a Roma llevaron consigo el mensaje del evangelio. Así nació la iglesia romana. Después durante los años siguientes, muchos cristianos de muchas ciudades, que se habían convertido a través de la predicación de Pablo, también se habían mudado a Roma. De ese modo la iglesia fue creciendo. Ella estaba formada por judíos y gentiles. Gentil, es toda persona no judía de cualquier nación. Cuando pablo escribió la carta a los romanos, la iglesia de Roma ya existía por muchos años y era muy conocida, sin embargo el nunca la había visitado. No hay fundamento bíblico para la tradición católica que afirma que pedro es el fundador de la iglesia romana. Los historiadores relatan que en el 49 o 50 d.c ya había cristianos en roma y que fueron expulsados de allí por el emperador claudio. Por esa época, Pedro estaba en Jerusalén, puesto que tomó parte del concilio que ahí se realizó. Además, Pablo no hace mención de Pedro en su carta a los romanos, ni le cita por nombre en el último capitulo, donde saluda a sus conocidos en Roma. Pablo estaba en Corinto, en su tercera visita a los cristianos de aquella ciudad, cuando escribió a los romanos. Deseaba visitar a la iglesia de Roma y planeo lo siguiente: iría a Jerusalén a llevar los donativos que los Corintos habían juntado para los cristianos pobres, después viajaría a Roma y, de allí pasaría a España. Antes de visitar a los hermanos romanos, Pablo creyó conveniente escribirles una carta para presentarse, y para explicar algunas cosas que el quería enseñar cuando llegara a Roma. Pablo dictó la carta y Tercio la escribió. La hermana Febe, que moraba en Cencrea, cerca de Corinto llevó la carta. LA MALA NOTICIA En la iglesia de Roma había judíos y gentiles. En su carta, Pablo tenía un recado para todos ellos. ¿Imagina a la “congregación de romanos”, con los judíos sentados a un lado y los gentiles del otro? Ahora imagine al dirigente de pie, en el público abriendo la carta de pablo. Pablo comienza con un saludo cariñoso, llama a todos los santos y amados. Y después da la mala noticia. Dios muestra su ira y castiga al malo, no vamos a confundir la ira de Dios con la ira humana. Sentimos rabia cuando nos engañan, nos dejan de lado, o no se hacen las cosas como deseamos. La rabia nos hace intolerantes y violentos. La ira de Dios no es así. Dios siente ira cuando desobedecemos porque nuestra desobediencia siempre es obstáculo a los buenos padres que Él tiene para nosotros. El plan de Dios para Adán y Eva fue que viviesen para siempre en aquel huerto maravilloso, pero por su desobediencia tuvieron que salir de él y llevar una vida dura. Nuestra desobediencia puede destruirnos. Pablo, les presentó la lista de los pecados de los gentiles: idolatría, maldad, adulterio, homosexualismo, envidia, crimen, mentira, orgullo, desobediencia, falta de amor. Puede imaginar a los judíos apoyando ¡Eso pablo! ¡Acusa a los pecadores! Y la lectura de la carta de Pablo continua: Dios decretó que el que practicara estas cosas malas merecía la muerte. todos sabían esto, pero continuaban pecando y se complacían con los que las practicaban ¡Eso mismo Pablo! Aplauden los judíos. “nosotros los judíos ¡obedecemos la ley”!pero había una sorpresa, ya que ¡los judíos eran tan pecadores como los gentiles! Ellos los criticaban pero hacían las mismas cosas. Pobre judíos creían que por conocer la ley de Moisés, podían juzgar a los demás, aunque cometieran los mismos pecados. Pensaban que por ser descendientes de Abraham, y la nación escogida por Dios, estaban libres del castigo. MALA NOTICIA PARA TODOS NOSOTROS Pablo les dijo a los gentiles que aunque ellos no tenían la enseñanza de la ley que los judíos no estaban dispensados porque Ellos conocían a Dios porque la “naturaleza misionera” les había hablado de él. Al observar el mundo que dios había creado, pudieron saber la existencia de Dios, lo cual era suficiente para hacer que adoraran al Creador y hacer las cosas que le agradan a él. Con todo, ellos rechazaron a Dios y adoraron imágenes. La mala noticia era para todos: no hay ninguno bueno. Todos se desviaron por el mal camino. Ninguno hizo bien. Ante Dios, no hay ninguno mejor que otro. Todos pecaron y separados de Dios. Por causa del pecado de Adán, todos nacen pecadores, son desobedientes y merecen la muerte. (Romanos 5:12-14) La muerte que entra por el pecado no sólo es física, sino también espiritual. Esto es, la separación de Dios. El alma separada de Dios está muerta, porque no tiene en sí la vida de Dios, la vida eterna. Aquellos que mueren físicamente sin antes haber aceptado a Cristo como salvador, están para siempre condenados, sufrirán la segunda muerte que es la separación eterna de Dios. ¿Se imagina a la congregación de los romanos con la cabeza inclinada? Judíos y gentiles están llorando, afligidos por la mala noticia. El rollo de pergamino tiembla en las manos del lector, pero entonces… ¡sorpresa! “Dios tiene la solución. Entonces viene la pregunta obligada será que ¿hay más leyes para que las obedezcamos? ¿Acaso es necesario esforzarse más? Nada de eso. Nada de lo que el hombre haga podrá salvarlo. Ninguna obra o trabajo, ningún esfuerzo, ninguna ley. Solamente Dios puede hacer de nosotros justos y libres de pecado. Él lo hará si tenemos fe en Cristo Jesús. Dios mostró su gran amor por nosotros, aunque éramos pecadores. La sangre que Jesús derramó nos salvó del castigo. Antes éramos enemigos de Dios, pero por la muerte de su Hijo, él hizo la paz con nosotros. UN INTERCESOR POR NOSOTROS Antes, nuestros pecados impedían que nos acercáramos a Dios. Pero ahora que creemos en Cristo y lo aceptamos como Salvador, entonces Dios (padre) acepta la muerte de Cristo como nuestra segunda muerte. A través de Cristo, ya somos libres de nuestros pecados. Nuestro “expediente” está limpio ante Dios. Él nos ve santos y puros como su Hijo Jesús, esto se llama justificación. Por la fe que tenemos en el salvador Jesús, Dios nos declara justos, como si nunca hubiéramos cometido pecado. Un ejemplo entre la diferencia de la justicia divina y la humana es la siguiente: La justicia humana: un criminal se puede regenerar, ser perdonado de sus crímenes, pero siempre será un ex convicto, la sociedad siempre lo verá así. Justicia Divina: aquí no existe el ex, si el peor criminal del mundo cree en Cristo y se arrepiente de sus pecados y lo recibe como su Salvador, será justificado por Dios. Él ya no tiene en cuenta sus pecados pasados. Dios lo ve limpio como si nunca hubiera pecado. Si confiesa con su boca que Jesús es su Señor, y cree en su corazón que Dios le levantó de los muertos será salvo. No hay diferencia entre un judío y un gentil. Para Dios no importa si usted proviene de una familia tradicional o de un hogar lleno de problemas y cosas que avergüenzan. Jesús es el mismo Señor de todos y da cosas buenas a todos los que le reconocer. Todos los que piden “Señor sálvame” serán salvos. “porque todo aquél que invocaré el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:12-13). ¿Ya lo pidió? Si no lo ha hecho, esta es una buena oportunidad para hacerlo. | |
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